¿El fin del desperdicio de energía para la inteligencia artificial?
La arquitectura informática tradicional (Von Neumann) se basa en la separación del procesador y la memoria, lo que crea un cuello de botella para las operaciones de IA modernas. Un nuevo chip, presentado en 2026, supera este obstáculo realizando operaciones computacionales directamente donde se almacenan los datos. Este enfoque, inspirado en la ingeniería neuromórfica (que imita las redes neuronales biológicas), reduce el consumo de energía en más del 90 % en comparación con las unidades de procesamiento gráfico (GPU) estándar que utilizamos hoy en día.
El chip utiliza memristores avanzados que pueden almacenar datos y realizar operaciones lógicas simultáneamente. En la práctica, esto significa que dispositivos como smartphones o vehículos autónomos pueden procesar tareas complejas de IA (como el reconocimiento de imágenes o el procesamiento del lenguaje natural) localmente, sin necesidad de conectarse a nubes remotas. Esto no solo aumenta la velocidad de respuesta, sino que también mejora drásticamente la privacidad del usuario, ya que los datos nunca salen del dispositivo.
Para la industria eslovena y los desarrolladores de dispositivos IoT, este avance marca una nueva era. Pequeños sensores que antes solo recopilaban datos ahora podrán tomar decisiones en tiempo real, con una batería que durará meses en lugar de días. Aunque la tecnología aún se encuentra en fase de optimización para la producción en masa, los analistas predicen que los primeros chips comerciales estarán disponibles a finales de 2026. Se espera que el precio de estos chips sea más alto en el lanzamiento (unos 150 euros por unidad), pero disminuirá rápidamente a medida que se expanda su uso, lo que permitirá su incorporación en todo tipo de aplicaciones, desde hogares inteligentes hasta robots industriales.
























