Adiós, Google: el Parlamento Europeo presenta a su competidor francés Qwant como motor de búsqueda predeterminado.
Las instituciones políticas europeas han comenzado a implementar de manera más concreta las predicciones sobre reducir la adicción De los gigantes tecnológicos estadounidenses. El Parlamento Europeo ha decidido eliminar Google como navegador web predeterminado de los ordenadores oficiales de sus miembros y demás personal. Será sustituido por el francés Qwant, que ha forjado su reputación principalmente gracias a sus promesas de estricta protección de la privacidad.
El cambio entró en vigor el jueves 4 de junio de 2026. A partir de ese día, al usar los navegadores Firefox o Edge, los miembros serán redirigidos automáticamente a los resultados generados por Qwant y ya no a los proporcionados por Google al realizar búsquedas.
Aunque tecnológicamente se trata de un cambio de configuración relativamente sencillo, esta medida tiene un enorme peso político. Google aún mantiene una posición de monopolio en Europa, controlando alrededor del 90 % del mercado de búsquedas en línea. El Parlamento Europeo destacó esta decisión como una clara señal y parte de una estrategia más amplia para lograr una mayor autonomía digital en el viejo continente. El momento tampoco es casual, ya que la decisión entró en vigor apenas un día después de que la Comisión Europea presentara un paquete legislativo integral destinado a reducir la subordinación tecnológica a Estados Unidos.
La nueva medida no obliga a los eurodiputados ni a miles de empleados de la administración a usar el nuevo sistema. Qwant será la opción predeterminada, pero cada usuario podrá configurar manualmente Google como navegador o elegir cualquier otra alternativa en sus ajustes.
Sin embargo, esta medida plantea interrogantes sobre las dependencias aún más profundas del aparato político europeo. Si bien se ha reemplazado el motor de búsqueda predeterminado, toda la infraestructura —desde los sistemas operativos Windows y los paquetes de software de Microsoft Office hasta los teléfonos inteligentes y los sistemas de correo electrónico extranjeros— permanece firmemente en manos de corporaciones estadounidenses.

























