Un profesor de historia utiliza un astuto truco para pillar a 31 de 35 estudiantes haciendo trampa con inteligencia artificial.
El uso de herramientas de inteligencia artificial en la educación sigue siendo un arma de doble filo. Esto queda claramente demostrado por un caso reciente de la Universidad Estatal de Alcorn, en el estado de Misisipi, Estados Unidos. El profesor de historia Jason Gibson atrajo mucha atención en internet cuando reveló cómo utilizó una prueba sencilla para evaluar la autonomía de sus alumnos al realizar un examen parcial.
Los resultados de la prueba fueron bastante sorprendentes. De un total de 35 estudiantes, 32 utilizaron un chatbot con inteligencia artificial para resolver la tarea. El profesor incluyó una línea de texto invisible en las instrucciones del examen, impresa del mismo color que el fondo. La instrucción oculta consistía en que la inteligencia artificial insertara la palabra "Madagascar" en su respuesta de forma ilógica. Los estudiantes, que simplemente copiaron y pegaron el texto completo de la tarea en el campo de entrada del chatbot sin leerlo, transmitieron la instrucción oculta sin darse cuenta.
La tarea requería que los estudiantes compararan los avances tecnológicos de la Revolución Industrial con los de la actualidad. Debido a que nadie revisó ni leyó detenidamente los textos generados antes de su entrega, las respuestas escritas de 32 estudiantes contenían la palabra "Madagascar" en contextos completamente inapropiados. Como resultado, inicialmente reprobaron esta parte del examen.
A pesar de la evidencia evidente, el profesor ofreció a todos los estudiantes afectados la oportunidad de apelar la calificación. Solo dos estudiantes respondieron a la invitación, y una de ellas lo logró. Explicó que, debido a que tenía la pantalla en modo oscuro, notó un texto oculto y supuso que formaba parte de las instrucciones oficiales del examen.
Si bien la detección automatizada de abusos mediante "emboscadas estadísticas" a veces puede dar lugar a acusaciones falsas si los estudiantes perciben las instrucciones invisibles o si estas no son del todo claras, Gibson recalcó que su intención no era avergonzar públicamente a los estudiantes, sino fomentar el aprendizaje real y el pensamiento crítico. Este caso surge en medio de un creciente debate entre educadores sobre cómo habilitar y regular adecuadamente el uso de las tecnologías modernas en el proceso educativo.



















