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02.05.2026 10:30

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¿Cómo está construyendo la UE una fortaleza de independencia a la sombra de Silicon Valley?

¿Cómo está construyendo la UE una fortaleza de independencia a la sombra de Silicon Valley?

Lo he estado usando desde agosto del año pasado. Linux, no he dependido de la tienda de aplicaciones de Google desde hace algunos años (porque mi Teléfono Huawei no lo admite), también estoy probando actualmente ProtonMail como alternativa a Gmail y PerspectivaEstos son mis experimentos (Linux, por ejemplo, pasó de ser un experimento a convertirse en mi sistema operativo principal) para diferenciarme de los estadounidenses y otras superpotencias que pueden decidir cambiar sus términos de uso en cualquier momento y yo soy impotente para hacerlo.

Me sorprende constantemente la escasa infraestructura digital europea. Pago con una tarjeta de una compañía estadounidense. Redacto documentos en programas desarrollados fuera de Europa. Me comunico mediante aplicaciones cuyos servidores suelen estar al otro lado del Atlántico. Esto no es casualidad, sino el resultado de décadas de desarrollo tecnológico en las que Europa no ha sido líder.

En los últimos años, y especialmente en el último, esta situación ha ido cambiando. La Unión Europea ha comenzado a desarrollar sistemáticamente alternativas que reduzcan su dependencia de las empresas tecnológicas estadounidenses y de otros países. No se trata de un proyecto ni una estrategia aislada, sino de un cambio más amplio, a menudo denominado soberanía digital.

¿Qué proyectos ya están en marcha? ¿Cuáles son los mayores desafíos?

¿Por qué Europa sigue hablando de independencia?

Al analizar el panorama general, queda claro que la razón no es solo tecnológica. Se trata de una combinación de factores geopolíticos, económicos y de seguridad. Europa ha dedicado décadas a construir su infraestructura digital sobre soluciones estadounidenses, desde sistemas operativos hasta servicios en la nube. Esto, en sí mismo, no representa un problema hasta que el mundo comienza a cambiar.

Hoy en día, sin embargo, resulta cada vez más evidente que la dependencia digital también implica una pérdida de control. Los datos europeos a menudo salen del ámbito que la UE puede controlar, lo que plantea interrogantes sobre seguridad, vigilancia y privacidad.

En términos más prácticos, cuando pago con tarjeta o uso una aplicación, los datos sobre mi actividad a menudo dejan de estar bajo control europeo. Esto se está convirtiendo en un problema estratégico, no solo técnico.

¿El fin del monopolio de Visa y Mastercard?

En el centro de esta transformación reside la constatación de que quien controla los datos y los flujos de pago controla el destino de los ciudadanos. Durante años, hemos estado a merced de corporaciones como Visa y Mastercard. Cada transacción realizada por un europeo pasa por centros de procesamiento estadounidenses, lo que implica no solo un elevado coste en comisiones, sino también una vulnerabilidad estratégica.

Si las relaciones geopolíticas se tensaran aún más, una entidad extranjera podría, en teoría, paralizar la economía europea con un solo clic. Por eso, el proyecto Wero, impulsado por la Iniciativa Europea de Pagos, alcanzó este año un hito clave.

Este sistema ya se utiliza ampliamente en Bélgica, Francia y Alemania para pagos instantáneos entre particulares, y ahora se está expandiendo rápidamente a tiendas físicas y al comercio electrónico. Con la integración del sistema neerlandés iDEAL, Wero se ha convertido en un actor europeo de gran relevancia, garantizando que el dinero permanezca dentro del ecosistema bancario europeo sin salir de nuestras fronteras.

Lo que me parece interesante es que Wero no se ha desarrollado desde cero, sino que se basa en la infraestructura de pagos instantáneos SEPA ya existente. Esto significa que Europa no está intentando inventar una nueva tecnología, sino optimizar la que ya tiene. En términos de velocidad, esto es positivo, ya que implica que no tendremos que esperar años para encontrar una alternativa.

Al mismo tiempo, existe la iniciativa EuroPA, que conecta sistemas nacionales como Bizum, iDEAL o MB Way en un único ecosistema europeo. Este es un paso importante, ya que la fragmentación ha sido una de las mayores debilidades de las soluciones europeas.

Europa no pretende necesariamente «sustituir» a Visa o Mastercard, sino crear una alternativa que funcione dentro de su marco legal y económico. Si esto tendrá éxito es una incógnita.

 Probablemente hayas oído hablar del euro digital.

Otro proyecto importante es el euro digital. Se trata de una iniciativa del Banco Central Europeo que pretende crear una forma digital de dinero del banco central.

A primera vista, esto parece similar a las criptomonedas, pero en realidad es bastante diferente. El euro digital estaría respaldado directamente por un banco central, lo que implica mayor estabilidad y control.

Lo que más me interesa de este proyecto es su papel en el ecosistema general. El euro digital no es solo una nueva forma de dinero, sino también una plataforma que podría reemplazar algunas de las funciones de los sistemas de tarjetas.

Si se implementara con éxito, Europa podría tener su propio sistema de pagos que funcionaría independientemente de las empresas estadounidenses. Sin embargo, la implementación es compleja y políticamente delicada, por lo que el progreso ha sido lento.

La Identidad Digital Europea (eIDAS 2.0) será obligatoria a finales de este año mediante monederos digitales que todos los Estados miembros deberán emitir. Esto permitirá a los ciudadanos de toda la UE identificarse, firmar documentos y acceder a servicios sin necesidad de usar los botones de inicio de sesión de Google o Apple.

Linux y alternativas de código abierto a Microsoft

Si quieres ser independiente, primero tienes que deshacerte de Microsoft. Windows y Office son probablemente los productos más utilizados, tanto en los hogares como, sobre todo, en instituciones públicas y otros entornos laborales. Pero los cambios ya están en marcha.

Algunas instituciones y países europeos están optando por soluciones de código abierto como Linux y plataformas como Nextcloud. No se trata de un único proyecto a nivel de la UE, sino de un conjunto de iniciativas locales. Por ejemplo, el estado alemán de Schleswig-Holstein y algunas instituciones austriacas han comenzado a abandonar las soluciones de Microsoft en favor de Linux y LibreOffice.

Su éxito ha desencadenado una avalancha. La Comisión Europea adjudicó recientemente importantes contratos de servicios soberanos en la nube a consorcios liderados por empresas como OVHCloud, Scaleway y la alemana STACKIT.

El objetivo es claro: los datos públicos europeos ya no deberían alojarse en los servidores de empresas sujetas a la Ley de la Nube de EE. UU., que permite a las autoridades estadounidenses acceder a los datos independientemente de su ubicación en el mundo.

Alternativa a WhatsApp y soberanía en la comunicación

Las plataformas de comunicación son otro ejemplo de la gran dependencia de Europa con empresas extranjeras. WhatsApp, Mensajero y aplicaciones similares dominan a nivel mundial, prácticamente sin alternativas europeas.

Sin embargo, hay intentos. Un enfoque se basa en estándares abiertos, como Matrix, que mencioné brevemente como una alternativa a Discordy que permite la comunicación descentralizada. Este modelo implica que los usuarios no están vinculados a un único proveedor, sino que pueden utilizar diferentes servidores dentro de la misma red.

El gobierno belga fue uno de los primeros en migrar completamente sus comunicaciones internas a este estándar descentralizado. A diferencia de WhatsApp, donde el usuario está confinado a su ecosistema cerrado, Matrix permite la interoperabilidad. Esto significa que diferentes instituciones europeas e incluso ciudadanos pueden comunicarse a través de distintos proveedores, todos con el mismo lenguaje, sin que ninguna empresa tenga el monopolio de toda la red. Element, la aplicación más conocida de este protocolo, se está convirtiendo en la respuesta europea a la necesidad de una mensajería segura y soberana que ninguna potencia extranjera pueda bloquear.

Las instituciones europeas y algunos países también están experimentando con sus propias plataformas de comunicación para la administración pública. El objetivo principal de estos proyectos es proteger los datos sensibles, no necesariamente competir con las aplicaciones comerciales.

El principal problema de Matrix (y Element) es su facilidad de uso. No es como WhatsApp, donde simplemente instalas la aplicación, conectas tu número y empiezas a chatear. Sin embargo, la configuración inicial requiere más trabajo, lo que podría desanimar al usuario promedio.

Tenemos bastantes alternativas a Office.

Lo mismo ocurre con las herramientas de oficina. Microsoft Office es el estándar de facto, pero Europa está intentando desarrollar alternativas.

Nextcloud Hub es una de las soluciones más interesantes, ya que combina documentos, comunicación y colaboración en una sola plataforma. Además, existen proyectos como Euro-Office (que une Nextcloud, IONOS y OnlyOffice) que buscan crear un ecosistema totalmente europeo para el trabajo de oficina basado en estándares abiertos.

Observo que las empresas europeas, temerosas del espionaje industrial, están adoptando poco a poco estas soluciones. No se trata solo de que sean gratuitas o más baratas (a menudo no lo son), sino de que las empresas por fin saben dónde están sus datos y quién tiene las claves de cifrado.

Lo que observo en estos proyectos es que no son necesariamente peores que las soluciones existentes. El problema reside más bien en el ecosistema y los hábitos de los usuarios.

Infraestructura de nube y datos

Aunque se habla menos de ella, la nube es probablemente el ámbito más importante de la soberanía digital. La mayoría de las empresas europeas utilizan servicios como AWS, Azure o Google Cloud.

Europa está intentando desarrollar sus propias alternativas, pero es ahí donde la brecha es mayor. Las empresas estadounidenses tienen una enorme ventaja en escala, inversión e innovación. Sin embargo, existen iniciativas para desarrollar soluciones europeas en la nube que cumplan con la normativa europea y proporcionen un mayor control sobre los datos.

Este es un ámbito donde probablemente se decida el futuro de la soberanía digital europea.

Europa comprende la situación en la que se encuentra, pero el problema radica en la implementación.

Cuando observo todos estos proyectos en conjunto, me hago una idea bastante ambigua. Por un lado, está claro que Europa comprende el problema y está trabajando activamente en soluciones.

Por otro lado, los desafíos son enormes. La fragmentación, los intereses nacionales divergentes y la lentitud de los procesos políticos suelen frenar el progreso. Además, las empresas estadounidenses no se quedan de brazos cruzados. Mientras Europa desarrolla alternativas, los actores globales siguen innovando y expandiendo su influencia.

El mayor desafío al que se enfrentan estos proyectos no es la tecnología, sino la perseverancia humana. La gente está acostumbrada a ciertas interfaces, a una lógica de funcionamiento determinada. La transición de Outlook a la alternativa europea requiere tiempo y formación. Sin embargo, el presupuesto que la Unión está invirtiendo actualmente en estas transiciones es astronómico. La demanda de una nube soberana por valor de 180 millones de euros es solo la punta del iceberg. El verdadero poder reside en la legislación, como la Ley de Mercados Digitales (DMA), que obliga a las grandes plataformas a ser abiertas, lo que brinda a las alternativas europeas la oportunidad de sobrevivir y crecer.

El proyecto IRIS es una alternativa a Stalinko.

De cara al futuro, entre los planes que actualmente se encuentran en los despachos de los comisarios, vemos el proyecto IRIS². Esta es la respuesta europea al Starlink de Elon Musk. Europa está construyendo su propia constelación de satélites en órbita terrestre baja para proporcionar conectividad segura e independiente a las fuerzas armadas, los servicios gubernamentales y las infraestructuras críticas. Según la información más reciente, las negociaciones con socios industriales como Airbus y Thales finalmente han superado el estancamiento. Se espera que los primeros satélites de prueba se lancen este año. Sin nuestra propia internet espacial, todos nuestros esfuerzos por lograr la soberanía del software serían en vano, ya que seguiríamos dependiendo de hardware extranjero en órbita.

¿Hacia dónde se dirige Europa ahora?

Europa no reemplazará a Visa, Microsoft ni WhatsApp de la noche a la mañana. Sin embargo, está construyendo una infraestructura que le brinda mayor flexibilidad e independencia. Esto significa que, en el futuro, podrá elegir entre diferentes soluciones, en lugar de depender de una sola.

Y quizás esa sea la esencia de toda la historia. No la independencia total, sino la posibilidad de elegir.

Objetivamente hablando, Europa todavía está rezagada en el campo de inteligencia artificial En términos de capacidad de procesamiento y capital, está construyendo algo único en las áreas de infraestructura, pagos y nubes soberanas.




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